Habemus Papam

Fotograma de película ‘Habemus Papam’ (2011)

Un nuevo pontífice ha sido elegido. La decisión del cónclave aún no ha sido anunciada a los miles y miles de fieles que aguardan en la plaza de San Pablo. Poco antes de asomarse por el balcón, el Pontífice sufre un ataque de pánico, y pide ayuda al resto de cardenales reunidos en el cónclave: no tiene claro que pueda asumir el nuevo cargo.

Éste es el arranque de la película Habemus Papam, un filme de 2011 del director italiano Nanni Moretti. Moretti también se deja ver delante de la cámara, en la piel de un psicoanalista al que el Vaticano llama para que atienda al flamante Pontífice. Es una interesante situación que el realizador desarrolla con un guión irregular, para mi gusto.

Lo que quiero destacar de la cinta es cómo la vida nos sitúa ante situaciones de gran responsabilidad, que en principio no buscábamos. ¿Debemos cargar con ellas o deshacernos lo más rápido posible de las mismas?

Lo más habitual es que exista la tendencia a uno de los dos extremos: resolvemos todos los problemas que recaen sobre nosotrxs, sin importar si son o no cuestiones que no nos competen, o tendemos a esquivarlos, y desviarlos hacia hombros ajenos para que carguen con ellos.

¿Es alguna de las dos opciones mejor que la otra? Según la moral que impera en nuestra cultura, sí: es de buenas personas “ser responsables”, ayudar a las otras, y si conseguimos sacarlas de las dificultades en que se meten, todavía somos mejores personas. La contraprestación es que hacerse cargo siempre de los problemas de lxs demás te deja sin tiempo, ni energía para hacerte cargo de lo tuyo, de tu vida.

Personas de este tipo descubren en la consulta lo difícil que les resulta el apoyo de su terapeuta para enfocar sus propios asuntos. Asumen que dentro de casa todo está bien barrido y ordenado, y casi nunca han tenido un momento para pararse y echar un vistazo al hogar interno. Puede ser que tengan mucho susto con sus propias heridas, y prefieran anteponer las de otras personas, inmiscuyéndose incluso donde no se les reclama; y puede ser que nunca hayan tenido una mano en la que apoyarse, un espacio en el que ser escuchadas, una mirada que reconozca que lo suyo importa.

Entre tanto, no asumir ninguna responsabilidad evita asumir riesgos… y logros propios; y para eludir riesgos, nada como quedarse en el mismo sitio toda la vida (como si eso fuese posible…; la vida se encarga de pegar un empujón, a veces con mucha vehemencia). Es bueno caer al suelo: ¡es la manera de aprender a ponernos en pie de nuevo! De lo contrario, lo que nos resta es pasar el resto de la vida gateando.

El deseo de seguir gateando toda la vida también se da en la consulta: clientxs que piden que su terapeuta se haga cargo de sus problemas, que tome la decisión por ellxs. Y se trata de lo contrario: ayudar a la persona a tomar conciencia de sus actos y decisiones, de cómo cuida o descuida sus propios asuntos, de las herramientas propias de las que dispone para resolverlos o para poner límites a los que no van con ella; y así poder responsabilizarse de su vida, adquiriendo autonomía. Tal y como reza la oración de la Gestalt de Fritz Perls:

Yo soy yo.

Tú eres tú.

Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas.

Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.

Tú eres tú.

Yo soy yo.

(…)

La responsabilidad pasa por unx mismx. Empieza por tus asuntos, por los conflictos y obstáculos que dificultan tu camino, por los objetivos y metas que quieres alcanzar, por lo que necesitas y deseas. Con todo eso, tú vas a tomar decisiones. Las has tomado a lo largo de tu vida: ¿postergas lo propio y antepones lo ajeno? ¿Te escabulles en las dificultades y manipulas a otras personas para que te las resuelvan? ¿Te responsabilizas de todo menos de tu deseo, tu corazón, tu economía, tu mente? ¿Te haces cargo de que divertirte en la vida también es una responsabilidad tuya?

Las respuestas a estas preguntas te van a guiar sobre las elecciones que has venido adoptando hasta ahora. ¿Quieres seguir por el mismo camino o cambiar? Ésa también es una decisión. Responsabilízate de lo que elijas. Cuando adoptas decisiones con conciencia, la responsabilidad deja de ser un peso y se transforma en el impulso para dar tu próximo paso.

Y después, toma conciencia de los problemas de las personas que te rodean, y que cargas sobre tu espalda, si es el caso, o de lo poco implicadx que eres con quienes aprecias. Es también una elección, hazte cargo de ella. No hay una posición más saludable que la otra. A mí me suena bien poder pasar por ambos extremos, para así encontrar un equilibrio interno. La clave está en poder tomar conciencia de las decisiones que de forma automática seguimos adoptando en nuestra vida.

La irresponsabilidad de perpetuar un rol no elegido

De pequeñxs, disponemos de pocas herramientas para revelarnos contra las decisiones de nuestros padres o figuras de referencia. Si querían que fuésemos más papistas que el papa, y nos oponíamos, podían retirarnos el afecto, el reconocimiento, ¡incluso la comida! Entonces las opciones sí eran mucho más limitadas, y básicamente se reducían al rol que se nos encomendó.

Pero ya somos adultxs. Y como tal, lo menos que podemos hacer es escuchar qué opinión, postura, respuesta tenemos ante los dilemas que nos presenta la vida. No hay pesadilla peor para la víctima que llevamos dentro que hacerle ver que ella puede elegir. Entonces podemos salir del rol de víctima.

Otro asunto es que hagamos o no hagamos caso a nuestro deseo, a nuestra preferencia ante una situación que implica responsabilidad. Ésa duda es la que se plantea el cardenal protagonista de Habemos Papam. Al final halla la respuesta interna, toma una decisión sobre lo que decide hacer con ella, y asume las consecuencias. Y ahí, descansa.

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  1. Lupe

    He visto la pelicula ( Habemus papam ) recientemente y destaco el proceso que hace el recién elegido, acompañado por su terapeuta ,y cómo va viendo lo que él quiere Realmente y cogiendo su fuerza y valor para decidir………( que destripo la peli…..). Muy practica la reflexion Manu. Gracias

  2. Daniela Campos

    La vi el año pasado en mi clase de italiano y debo confesar que me gustó mucho la historia, porque a pesar de tratarse de una película que refleja a la iglesia católica, el director Nanni Moretti logró centrarse en el personaje del Papa electo fuera de la iglesia, más cintas como estas hacen falta.

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