Fantasía

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Hay una metáfora que es cada vez más popular en nuestro país, y que se utiliza para definir el insultante trasvase de figuras políticas que, tras ocupar cargos relevantes en gobiernos e instituciones relevantes, pasan a formar parte de grandes empresas privadas: es la de la puerta giratoria. El fenómeno no hace distinciones entre siglas de partidos (sólo es necesario haber llegado al poder), y propicia la confusión de lo público con lo privado.

Algo parecido nos ocurre a las personas con la experiencia que está teniendo lugar en cada momento presente: confundimos lo público (la realidad, lo que ocurre fuera) con lo privado (mis sensaciones y emociones, lo que temo que pase, lo que deseo que ocurra, cómo creo que deben de ser las cosas). Y todo ello lo hacemos a través de la puerta giratoria. A diferencia del ejemplo de la política, el problema en nuestro caso es que la mayor parte del tiempo la pasamos dando vueltas a la misma. Y así alimentamos la neurosis.

Darse cuenta

Fritz Perls plantea la neurosis como la interrupción de la experiencia, el mecanismo por el que dejamos de estar en contacto con la realidad, de forma que el camino hacia una vida más saludable empieza por percatarnos de todo lo que está ocurriendo en este momento. ¿Todo? Sí: Perls habla de tres capas a las que poder dirigir la observación, y cada una de ellas nos aporta muchísima información.

La primera es la zona interna, una mirada hacia unx mismx, hacia el organismo y lo que ocurre en él: sensaciones, emociones, sentimientos… Suena fácil, y sin embargo una de las características más notorias de las sociedades occidentales es la desconexión corporal que propicia el sistema, enmudeciendo el ritmo biológico, el tempo de la naturaleza, la escucha de la necesidad. La bioenergética trabaja con la coraza muscular, ese agarrotamiento de algunos tejidos internos que en su momento nos ayudó a aliviar la experiencia de dolor, a costa de interrumpir la comunicación con el organismo.

De manera que con tal de no sentir el dolor, mejor zombies en vida que mortales que respiran, nos perdemos la vida que llevamos dentro. Conservamos la esperanza de que vivir no duele. Y sin embargo, como afirma la gestaltista Adriana Schnake en el libro La voz del síntoma, un percatarse fluido con el organismo propio “nos ahorraría innumerables consultas y chequeos médicos”.

Medicina preventiva es hacer músculo respondiendo a preguntas como: “¿Qué estoy sintiendo [ahora]? ¿Dónde lo estoy sintiendo? ¿Cómo lo estoy sintiendo?”, cuestiones que sugiere Ángeles Martín en su Manual práctico de psicoterapia Gestalt. Cuando la respuesta siempre es la misma, o bien “nada”, indica o que la experiencia está interrumpida (la experiencia fluye con el presente, varía, se transforma), o que hay nula conexión con la zona interna.

Si hay zona interna, no puede faltar la zona externa, el mundo que nos rodea, lo que llega desde fuera a mi organismo a través de todos los sentidos. En este ámbito, el desarrollo de la conciencia ayuda a “recuperar la vista, el oído, la piel y todos los demás canales sensoriales con que nos orientamos en el mundo”, en palabras de Paco Peñarrubia (Terapia gestalt: la vía del vacío fértil), quien resalta que una de las características de la neurosis es “el empobrecimiento sensorial”.

Tanto la zona interna como la zona externa se pueden “trabajar” fácilmente a través de la escritura. Tan sólo hay que sentarse y escribir una sucesión de frases que siempre comiencen con un “ahora me doy cuenta de…”, y continuarlo de una percepción sensitiva que atendamos en ese momento, sensaciones internas, emociones… Es la técnica que Fritz Perls llamó continuo de conciencia. Conviene, al realizarlo, incluir en la misma la conciencia de la tercera capa.

El octopus

El tercer estrato al que hace referencia Fritz Perls es la “zona intermedia”, el salón recreativo de la neurosis, el parque de atracciones donde desconectarse de las sensaciones y emociones internas, y también de la información del mundo que en ese momento los sentidos están facilitando. Todo esto desaparece, arrasado por el poder de la mente y sus frutos: predicciones, recuerdos, temores, expectativas, prejuicios… conceptos mentales cuyo contenido tiene que ver con experiencias pasadas (propias) y, sobre todo, con predicciones, recuerdos, temores… de otras personas y que nos hemos tragado. Como resalta Peñarrubia, el hecho de que paseemos por esta zona no es en sí negativo, sino que “lo dañino es su exceso, es decir, en qué medida soslaya y sustituye la conciencia de las zonas interna y externa”.

De forma que si la puerta giratoria fuese un mero lugar de paso, mucho mejor nos iría. El problema neurótico surge cuando fortalecemos los tentáculos de la zona intermedia, y ésta acaba invadiendo y suplantando las zonas interna y externa. En ese momento, y lo más dramático es que ocurre sin darnos cuenta, dejamos de estar en la realidad para meternos en una sala de cine, ponernos las gafas 3D y ver una película: Fantasía.

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Un Comentario

  1. Pingback: Obvio « La silla de Perls

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