Respirar el ahora

Fotografía de .reid. (flickr)

Empieza un nuevo curso laboral. Las vacaciones, quien las tiene, suponen un parón tras el cual solemos retomar la actividad con el deseo de modificar algunos hábitos y patrones de comportamiento, incorporar nuevos conocimientos, afrontar nuevas etapas. Piensa unx que septiembre, así como el arranque del Año nuevo, es uno de esos escasos momentos en los que se abre una ventana espacio-tiempo que nos habilita introducir cambios en nuestra vida, y que, pasada esa “semana crucial”, esa posibilidad se acaba, y no queda más que aguantar hasta la próxima ocasión, tres, nueve o doce meses después.

Es verdad que el arranque de un nuevo curso laboral/profesional/educativo conlleva en ocasiones decisiones cuyas consecuencias se alargarán para el resto de la temporada. Y es cierto que hay muchos aspectos de nuestra vida, de unx mismx, que escapan a esa circunstancia. ¿Que se pueden ver afectados? Sí. ¿Pero son absolutamente dependientes del contexto, somos absolutamente dependientes del contexto? No.

En realidad, cada momento de nuestra vida, cada segundo, este segundo mismo, este preciso momento en que está leyendo esta frase, es un momento distinto al del párrafo anterior y al de cuando comenzó a leer “Empieza un nuevo curso laboral…”. Aquí y ahora, tiene la oportunidad de coger las riendas de su vida. ¿De toda su vida? Bueno, de la vida que está a su alcance, que es la del momento presente.

Por muy reduccionista que parezca, las riendas de nuestra vida se limitan a nuestra capacidad para actuar sobre la misma, modificarla, afectarla… y eso no es ni en el pasado, ni en el futuro, sino ahora: el presente. La llave que nos abre a la puerta del presente, es la atención. Y la atención no es sino los ojos de la conciencia, lo que es, lo que soy (conocimiento con uno mismo).

Abundantes teorías han investigado cómo las emociones afectan al pensamiento, y ambos al cuerpo, al y igual que el cuerpo es capaz de afectar a las emociones…, en un todo relacionado que generalmente se desarrolla en ciclos automatizados, sin atención. Romper estas dinámicas no es sencillo porque suelen venir asociadas a fijaciones inconscientes sobre una experiencia de dolor inaguantable, que pondría en riesgo la propia existencia.

Las vías para hacerlas tambalear son dos: la radical y catártica, o la pausada y calma, que transcurre como el agua del río que erosiona las piedras poco a poco, limando sus irregularidades. Ambas pueden ser a nivel de pensamiento, emoción y cuerpo. Y hay una vía que permite trabajar a los tres niveles: la respiración.

La herramienta del ahora

En espacio de terapia, invito con cierta frecuencia a lxs pacientes a parar y respirar para tomar conciencia de las sensaciones que le llegan del organismo, las emociones que les acompañan en ese momento, y los pensamientos que asoman o se apoderan de la cabeza. Lo que puede parecer realmente sencillo, resulta en ocasiones una aventura hacia lo desconocido, con muros infranqueables en alguno o varios de los niveles citados. Sin embargo, pocas veces existe una verdadera incapacidad para contactar con el cuerpo, la emoción y el pensamiento que transcurren en el presente.

Este ejercicio, al que se suele responder sin gran interés, y que parece más bien un entorpecimiento del desarrollo de la sesión, es para mí, sin embargo, una gran herramienta que estoy administrando a la persona a la que acompaño. Sus efectos no son habitualmente inmediatos, no implica con certeza grandes cambios, ni libera ipso facto de cadenas y dolores. Pero sí permite a lxs pacientes amplificar la escucha de sí mismxs en sus distintos niveles, y llegar a tener una mejor comprensión de sí sobre lo que les está pasando en el momento presente.

Éste es un trabajo a medio – largo plazo, pero su resultado llega a ser tan potente, que yo ahora tengo capacidad para frenar un pensamiento circular que me está llevando a un estado depresivo, puedo soltar la tensión de la musculatura al tomar conciencia de que tengo miedo, enuncio un suspiro para caer en la tristeza a la que puedo llevar un buen rato resistiéndome, y también tengo la ocasión de entregarme a la alegría pese a que mi mente insista en quedarse anclada en una situación de enfado que ocurrió en el pasado. Todo esto que cuento está a mi alcance, y juego con ello. No siempre, porque la atención hay que ejercitarla, como otro músculo más. Pero sí me beneficio de la conciencia para la respiración sí me ayuda a salirme de cadenas automáticas de actuación.

En definitiva, tengo mayor capacidad para coger las riendas de mi momento presente. Con la conciencia, puedo cabalgar con más soltura sobre el caballo que es mi vida. Y no está en mi mano evitar tragedias, catástrofes, accidentes, pérdidas, ni voy a poder eludir el equivocarme si es que quiero vivir, pero sí podré adaptarme mucho mejor a los acontecimientos que se presenten, y puedo sacarles más partido, exprimir su jugo para seguir alimentándome. Con esto no está todo resuelto. Ojalá. Pero se amplifican las opciones de respuestas que sean saludables para mí. Y desde ahí podré asumir una responsabilidad, porque lo podré hacer desde la conciencia de que he tomado una decisión.

¿Empezamos entonces un nuevo curso? Empecemos directamente un ‘ahora’.

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