Vacaciones

Ha sido un curso difícil. El año 2012 está siendo complejo a muchos niveles, en algunos sombrío y en otros maravilloso: los efectos de medidas políticas y económicas terribles a nivel social y la perspectiva de que la evolución no pinta a mejor, han ido parejas a un “despertar” de la ciudadanía, donde estamos compartiendo más información que nunca sobre las cloacas de este sistema, abriendo paso a una denuncia cada vez más firme. Un baile entre el miedo y la valentía, infundida ésta última por una conciencia de la responsabilidad de cada unx en y con su vida. En fin, que nos merecemos un poco de descanso, ¿no?

Y de eso va esta entrada: de parar. O más bien, de un personaje interno que a todxs nos acompaña y cuyo objetivo primordial es boicotearnos el tiempo de relax. Con ustedes, el explotador interno (pusher) -desconozco si el género masculino de esta figura  responde a algo en particular; lo mantengo, de la misma forma que no se me ocurre hablar de una ‘perra de arriba’ (en referencia a la figura gestáltica del perro de arriba)-. El explotador interno es la energía del hacer absolutamente fuera de control. Se trata de esa voz dentro del coro de pensamientos que nos hace estar haciendo más y más y más, y planificando más y más y más… Siempre con prisas, siempre con falta de tiempo. Es el impulso del que sale: “necesito días de 25 horas para hacer todo lo que quiero hacer”.

Su desprecio por la salud y el límite de nuestro cuerpo físico es tal, que no permite descansar, no respeta los períodos para parar. Al contrario, mantiene nuestro cuerpo en tensión hasta llevarnos al borde del colapso físico. Personas con un pusher muy acentuado padecen de fatiga crónica, tensión alta, ataques al corazón, dolor de espalda… (muy similares al PCTA, el patrón de conducta tipo A, que incrementa la experiencia del estrés, y está asociado con enfermedades cardiovasculares). Resulta irónico que la presión del explotador interno puede acabar manifestándose como parálisis. Es tal el grado de exigencia por hacer cosas más allá de las posibilidades, que acaba desbordando a la persona.

Como cualquier figura interna, sus disfraces son variados, y su revestimiento puede ser muy sutil. De manera que en espacios terapéuticos, unx puede seguir formándose con más y más cursos, leyendo más y más libros, encadenando unos tras otros, sin tiempo para la digestión, el reposo, sin parar… y estar, en definitiva, alimentando al pusher.

“Perder el tiempo”

Es lo peor que lleva esta figura: “desaprovechar” un tiempo maravilloso y escaso en algo “poco práctico”, la oportunidad de estar ociosxs, sin límite de horario, sin nada que hacer a continuación solo por hoy, sin abrir un momento, un espacio, a la contemplación de la vida. Como si vivir sólo fuese la experiencia del hacer y tener, cuando también lo es del pensar y sentir, y del estar, respirar, de ser. Y aquí llega lo trágico: vivimos en una sociedad que valora enormemente a la voz tóxica del pusher. Construimos nuestro propio autoconcepto, nos validamos casi exclusivamente en función del hacer, y no del ser.

Y este ímpetu por la acción está robando buena parte de los mejores momentos de la infancia de las nuevas generaciones, que se llena de actividades, tareas y nuevos aprendizajes, siendo arrebatada a lxs niñxs la posibilidad de pararse a contemplar la vida, ese delicioso rato en el que pueden estar en babia, crear sus conceptos del mundo, construir el territorio de su propia creatividad que tanto van a necesitar para sobrevivir y sanar las heridas con las que tengan que lidiar en los futuros capítulos por vivir.

Así que propongo que puedan aprovechar estas vacaciones, si las tienen, para explorar algo más que el hacer más y más cosas. ¿Cómo sería para mí “perder el tiempo”, contemplar la vida que pasa a mi alrededor, compartir el momento con las personas a las que quiero, escuchar por un momento al deseo y a la necesidad, en vez de darle tanta coba a la exigencia?

Puede ser que alguien que lea esto piense que lo que necesita, en realidad, es más acción y menos modorra, porque pasa el día tiradx sin hacer nada. En ese caso, habría que revisar la motivación, y las expectativas en su vida, y tantear una lista, quizá no muy consciente, de planes y objetivos a alcanzar autoimpuestos o impuestos desde fuera. La vida está por encima de nuestros proyectos, y nuestros objetivos pueden estar más allá de lo que ofrece la vida.

Para trabajar la figura del explotador interno, hay diversos ejercicios que permiten poder empezar a marcar alguna distancia con el pusher, tomar conciencia del mismo y abrir espacio a otro ritmo, otras decisiones. Varias propuestas las he aprendido y experimentado con Marisé Barreiro, terapeuta gestalt y filóloga a quien le estoy muy agradecido por el trabajo que plantea a través de la escritura expresiva, en los talleres regulares que realiza en Madrid capital y otras ciudades.  El proceso que plantea en sus cursos es muy enriquecedor, combinando creatividad y conciencia. Quien esté interesadx en estos talleres, facilito gustoso, y con su permiso, el mail de Marisé: caf… la dirección de su página web, tras descubrir hoy que ya dispone de la misma: Escribientes.es [actualizado el 21/10/12].

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