Pequeños grandes cambios

Llevo un mes sin escribir por aquí. Me había propuesto subir una entrada por semana, al menos. Ya ven dónde quedó mi propósito. Adiós, no he sabido dar la talla, he tirado todo por la borda, un desastre… Este blog ya no tiene sentido. ¡Quién lo va a leer así! Chimpún.

Vivimos en base a metas estrictas. El aprendizaje patriarcal nos lleva a pensar en objetivos por cumplir y objetivos cumplidos: primero, lo importante es alcanzar la final, después se convierte en conseguir un puesto en el pódium, alzarse con la medalla dorada, acumular el mayor número de metales en el medallero… Y acabamos felicitándonos sólo si somos lxs mejores de los Juegos Olímpicos.

Todo gira entorno a ese final, a esa imagen mental que nos hacemos de un lugar idílico con beneficios sobrenaturales: una vez lleguemos allí, habrán acabado nuestras desgracias, o buena parte de ellas. Ya no nos seguirán los fantasmas, habremos alcanzado una posición irreversible. Nuestro corazón descansará en paz.

Luego llega la vida, y se demuestra superior a cualquier paraíso imaginado.

Y vuelves a tropezarte con la misma piedra, la misma “piedra” interna, quiero decir: repites esa actividad compulsiva que te habías prometido no volver a hacer y que, para más inri, es castigada por la gran moral castigadora (redundante porque de ella vamos sobraos); rompes con la disciplina que te habías marcado, y sin la cual todo se viene abajo… En definitiva, se convierte en un todo o nada, blanco o negro. O estás o no estás. O a salvo, o en los infiernos.

Y toda este análisis es profundamente perverso. Porque lo único que aprecia es el resultado, no el proceso. La sociedad patriarcal se encarga de subrayarlo con el castigo: si robas, vas a la cárcel (salvo que seas bankero). Si no robas, da igual si en tu interior estás deseando robar, y de hecho incitas a otras personas a que roben, y tú sólo lo evitas para no ser castigado. Lo relevante es el resultado final. El proceso interno queda ignorado.

El peregrinaje laico

El cambio es un tema que se trabaja en el proceso terapéutico. En muchas ocasiones, la motivación para una terapia es el deseo de modificar una conducta, un hábito. Los cambios empiezan a registrarse y, oh oh, un paso atrás: en el proceso emerge un comportamiento que parecía superado. Este momento es vivido como una derrota, se concluye que unx está incapacitadx para transformarse y empezar la nueva vida que tanto desea. Da igual cuánto corras: el pasado siempre te alcanza.

La ayuda, en ese momento, es esencial porque suele ser necesario recordar que el cambio empieza desde el primer pequeño paso. Una acción, un comportamiento, un logro es como una etapa entera en el camino de Santiago: la consecución de cientos y cientos de pasos. Unos serán zancadas, otros dubitativos y pequeños, y en varias ocasiones habrá que caminar sobre lo ya andado… porque nos habremos perdido. Pero resulta imposible llegar de un tramo a otro en un solo paso.

Aplicado a la vida: cuando empiezas a plantearte la decisión de cambiar, ya estás emprendiendo el primer paso; podrás dibujarte el propósito a lo grande, o bien ir desmenuzando las medidas a incorporar, esos pasos que te llevan en la dirección deseada.

Las emociones empujarán y retendrán… y no queda otra que comprenderlas y aceptar que están ahí. Hola, miedo; sí, sí, ya sé que te asusta que hagamos esta pequeña revolución. Hola alegría: vayamos hacia lo nuevo (por poner un ejemplo).

Y luego está la motivación: ¿qué me mueve? Me mueve ser buenx, ser rebelde, ser justx, acaparar, brillar…; me mueve satisfacer a otra persona, ser aceptadx por los demás, cobrarme una deuda…; me mueve ser feliz, buscar la tranquilidad en mi vida, la salud. Hay múltiples motivaciones, y es importante saber cuál se elige, porque no todas otorgan el mismo combustible, y no todas son de largo recorrido.

Con todo esto, empiezas a dar pasos y lo que de puertas afuera parece un único organismo en movimiento, internamente es una algarabía, donde mente, emociones y cuerpo intentan coordinarse en esta nueva empresa a la que unx las enfrenta desde la voluntad. Probablemente la primera vez haya suerte y acierten. Pero pronto se desvelará que la estructura está en proceso de cambio, aparecen las descompensaciones, y se revela que los cambios requieren tiempo.

El movimiento del péndulo

Hay una teoría que lo explica muy bien: es la ley del péndulo. Los cambios los solemos acometer para acudir al extremo opuesto de lo que habitualmente hacemos: nunca he sido capaz de ponerme a estudiar inglés; ahora voy a apuntarme a un intensivo de 800 horas en 5 meses. Buscamos el equilibro, y acabamos en la otra punta. Eso mismo hace un péndulo: al lanzarlo, acude al extremo contrario, para a continuación hacer el camino de vuelta. Pero cuando regresa al extremo de origen, ya no consigue llegar hasta el punto inicial, sino que su desplazamiento empieza a acortarse, quedando más próximo al centro. Y así, según se van sucediendo los movimientos, el péndulo se va acercando más y más en cada parada al punto medio.

No es relevante que una persona no haya conseguido mantenerse en el objetivo que se ha marcado, puesto que, aunque haya dado un “paso atrás”, ahora le resultará más fácil el camino hacia el equilibrio; está haciendo el camino del péndulo. Y eso es así porque algo de ese equilibrio ha empezado a vivenciar, aunque internamente su estructura necesite más tiempo y experiencia para adaptarse y transformarse.

¿Y todo esto para qué? Todo esto para invitarte a que celebres los pequeños cambios, porque son los necesarios para que acaben resultando en un cambio grande. Lo concreto en los siguientes consejos:

  1. Piensa en grande, planifica en pequeño. Si tienes claro adónde quieres llegar, ahora concreta los pasos a dar para llegar hasta ahí. Y por supuesto, define el primer paso. Que sea un paso viable, y a tu alcance.
  2. Celebra tus pasos pequeños. No hace falta que organices una fiesta; basta con que te felicites por esos logros con un detalle con el que disfrutes. Puede bastar con parar un rato en el parque y contemplar la naturaleza, escuchar una canción que te guste… ¡o comprarte un helado de chocolate!
  3. Anímate cuando te decaigas, cuando veas que no has cumplido con lo planificado, cuando te descubras actuando de la forma que precisamente quieres cambiar. Hay un capítulo que estás cerrando, y las despedidas requieren su tiempo: muchas veces queremos cerrarle la puerta a esa parte que queremos cambiar, y ésta aún no ha terminado de despedirse.
  4. Define tu motivación. Sobre todo si reiteradamente truncas tus planes y procesos de cambio. Puede ser que internamente te estés echando un pulso, y será mucho más fácil si puedes ponerle conciencia a eso, para poder elegir con qué parte vas, o si bien prefieres darte tiempo muerto, o abandonar la partida.
La república independiente del cambio

Y un último consejo que nada tiene que ver con los cambios planificados. ¡Introduce cambios pequeños en tu vida! Vivimos ceñidos a un grupo de emociones, de la misma forma que nos cobijamos en una serie de ideas fijas, y limitamos nuestras acciones diarias a unos hábitos determinados. ¡Prueba a cambiarlos! Para ello, sólo necesitas empezar por lo irrelevante. Mañana levántate con el pie contrario, y si eres supersticiosx empieza estirando el cuerpo de otra manera. Al ducharte, enjabónate con la otra mano, al menos al principio, y en el lado o parte del cuerpo al que nunca acudes primero. Haz tu caminata de todos los días por calles paralelas, prueba a perderte por calles nuevas. Cambia el orden de las aplicaciones de tu móvil…

En definitiva, ¡despierta! Biológicamente tu cerebro estará sacando partido a su plasticidad, obligarás a tu cuerpo a activar otras cadenas de músculos y tus emociones andarán más pegadas al presente. Todo ello te mantendrá más preparadx para lo inesperado, y más vital.

Tocan momentos de cambio. Así que hagamos un poco de gimnasia para adaptarnos al presente… Yo también, aunque no escriba todas las semanas 😉

[Actualización 19/06/12] ¿Has probado a hacer algún pequeño cambio en tu vida? ¿Te ha funcionado? Compártelo, si te apetece, a través de los comentarios a esta entrada, y así nos damos pistas unxs a otrxs.

Anuncios

Un Comentario

  1. Pingback: Feliz EROS « La silla de Perls

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: