El hogar olvidado

Hasta hace poco, cuando oía hablar de la creatividad la entendía como un viaje hacia fuera. Un vuelo a otra galaxia en la que existía una colonia de perros, con humanos adiestrados para hacer sus necesidades cada 8 horas en los árboles, por ejemplo. Pero ahora entiendo la creatividad como algo distinto: un encuentro con lo más espontáneo mío, con lo que no responde a patrones, pautas, normas, estándares… porque responde, simplemente, al impulso virgen que está en cada unx. Un viaje hacia el interior.

Este camino hacia la creatividad, el que al menos yo he empezado a descubrir y me ha servido hasta el momento, tiene un ‘inconveniente’: dirige la mirada hacia dentro y no hacia Broadway. Y lo de dentro puede llegar a “incomodar” más que los musicales españoles, porque abrirme a lo espontáneo en mí, implica también abrirme a las heridas que guardo y llevo conmigo.

Trabajar con la creatividad entendida como el torrente genuino supone, por tanto, desempolvar todas las habitaciones de una vivienda abandonada, la propia, por la que ha pasado mucho tiempo desde que alguien anduvo correteando por aquellos espacios, saltando sobre el sofá, tocando chapurreando el piano, dibujando en las paredes, jugando en el suelo, dando besos sonoros, haciendo el pino puente, cantando, apuntando con el tirachinas, dejándose acariciar, organizando batallas…

Aquello enmudeció en pro de los grises que impusieron su dominio y garantizaron el control, cubriendo colores con un manto de polvo, evitando el contacto con el aire.

Pero ¿cómo vivir así? Con un hogar para habitar, pero sin ocuparlo; una vivienda donde brotar, desangelada. Terapia (la terapia Gestalt) y creatividad ayudan a despertar nuestrx niñx interior, revitalizando aspectos olvidados y desconocidos, deseos silenciados, mutilados, pseudo-extinguidos, pero que no desaparecen. “No hay en el mundo fuerza como la del deseo” dijo Lorca.  Ese deseo está dentro, y por eso la terapia conlleva una apertura a la creatividad, de la misma forma que el acto creativo, entendido como el acto que posibilita el encuentro con unx mismx, también es terapéutico, sanador.

Porque los deseos ahí siguen: deseo de desempolvar los trastos viejos para reutilizarlos o darles aire, deseo de correr las cortinas y recibir la luz del sol, y de abrir las ventanas y respirar aire fresco; deseo de sonreírle a la vida y de darle vida al hogar interior.

¿Por qué habitación empezar?

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  1. Anónimo

    Engancho con todo lo que afirmas. Sólo un pero; las X ensucian la lectura. Personalmente, como ser humano y persona, si leo una “o” me siento totalmente incluida.

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