El grupo como impulso

Habitualmente, me meto en las clases de spinning (bicicleta estática) que se ofrecen en el gimnasio al que voy: son 45 minutos, y según quién lleve la actividad, a veces salgo cansado y otras… estoy directamente para el arrastre. Ha habido días en los que las bicis ya estaban todas ocupadas cuando he llegado, y he decidido hacer por mi cuenta los tres cuartos de hora, en máquinas que quedan fuera de la clase. En estas ocasiones, no siempre he conseguido llegar a los 45 minutos. Cuando estoy dentro de una clase, siempre.

Lo de ayer fue el más difícil todavía: dos horas de spinning. Para alguien habituado, puede ser un esfuerzo asequible. Para mí, que nunca lo había hecho, fue un logro. Un logro que conseguí gracias a la fuerza del grupo. De hecho, del más de medio centenar de personas que participamos en la actividad, sólo se fueron dos personas antes de finalizar la clase. Eso, en un gimnasio que habitualmente sólo ofrece clases de 45 minutos, no está nada mal. ¿Qué hace tan potente la fuerza de un grupo?

Para la Gestalt, “la totalidad es más que la suma de las partes”, una de esas evidencias perceptivas que ocurren cuando, por ejemplo, miramos un círculo como el de la imagen superior. ¿Es un círculo en sí? A simple vista diríamos que sí, pese a que está definido por una línea discontinua de puntos; incido, discontinua, separados unos de otros. Pese a esto, se asume que es un círculo. E incluso si esta imagen la vemos desde mucho más lejos, podríamos llegar a decir que es un punto blanco.

Trasladando la metáfora al ejemplo con el que abro esta entrada: yo solo no creo que hubiese sido capaz de conseguir estar dos horas pedaleando en una bici estática, incluso con buena música. Sin embargo, en grupo lo conseguí. Hay muchos factores que pueden intervenir: desde el temor a sentirme inferior si me bajo antes de la bici, que me excluyan de futuras clases si no aguanto hasta el final…; y estas mismas ideas, en positivo: deseo de sentirme igual de capacitado que el resto de compañeros de la clase, el deseo de sentirme incluido en futuras actividades como ésta… Y así, muchas más opciones.

Pero más allá de la motivación, hay un hecho real: el grupo aporta una motivación que va más allá de la que yo puedo generar. El grupo consigue que yo aguante dos horas de clase, cuando yo solo apenas soy capaz de conseguir llegar a los 45 minutos. Y quien dice montar en bici, dice grupos para abandonar todo tipo de dependencias, grupos para personas con conductas socialmente desadaptadas, etc. Y aquí estoy incluyendo tanto grupos terapéuticos como grupos no terapéuticos. Todos pueden ser válidos. Pero, ¿por qué?

El cambio de actitudes en la Psicología

Este tema ha sido estudiado por la Psicología Social, desde múltiples perspectivas, así que me ceñiré a dos aspectos. Uno de los conceptos a los que da especial importancia es al de la validación social, sentir que nuestro comportamiento es adecuado y evaluado positivamente por otras personas. Eso nos hace sentir bien. De manera que las personas que reconozcan y apoyen, e incluso practiquen el comportamiento que queremos incorporar, serán un respaldo para nuestro propósito. No sólo por su mensaje, sino porque entre ellas sentiremos que nuestra manera de actuar es socialmente aceptable.

Este aspecto ha sido abundantemente estudiado en experimentos de laboratorio, generando situaciones ambiguas ante las que el sujeto no sabe cómo responder, y tiende a sumarse a la conducta que ejecutan lxs demás (a lxs que sí se les ha indicado previamente una pauta de comportamiento). En definitiva, nuestra validación social se beneficia de incorporar un hábito o comportamiento si lo hacemos junto a un grupo de personas que también lo practica o lo quiere introducir en sus vidas. Eso se traduce en un premio en caso de adquirir el comportamiento, y en una presión en caso de que entren dudas y flaquee la voluntad. De cualquiera de las dos maneras, ayuda a incrementar las probabilidades de éxito.

Partiendo de este último punto, podríamos aplicar la Teoría de la motivación de logro de Weiner, según la cual la decisión de realizar una acción se ve determinada por la importancia del objetivo de logro y por las expectativas sobre las probabilidades de éxito. Es decir, si tenemos claro el objetivo y sabemos que practicarlo en grupo es vivenciado como una validación social, lo cual incrementa las probabilidades de ejecutar el comportamiento, según Weiner estaremos más motivados para alcanzar el logro marcado.

Uso del grupo

Con todo esto, a lo que voy es a poder aprovechar la experiencia del grupo como catalizador, permitiendo poder superar retos y dificultades con mayor facilidad que cuando unx lo hace a solas. Si necesitas cambiar o incorporar algún hábito, júntate con personas que también anden en las mismas. No siempre tiene por qué ser de forma presencial. La red ha permitido poner en contacto a muchas personas a través de sus intereses y aficiones (por ejemplo, existe una aplicación de móvil y tableta para meditar, llamada Insight timer, que funciona como una red social en la que ponerte en contacto con meditadorxs de todas partes del mundo). Rodéate de personas que estén en el mismo punto que tú, o que ya hayan vivido la experiencia, y ayúdate del impulso grupal para afrontar tu reto.

Por supuesto, esto no es una ley universal. Para ello, debes acertar en la elección del grupo, asegurándote que su objetivo es el mismo que tú te has marcado. Es lo que podríamos llamar la tarea del grupo. Por ejemplo, si quieres fortalecer tu musculatura y ganar peso, no te apuntes a clases de bicicleta estática, porque probablemente más que ganar, perderás peso.

Una vez des con el colectivo y espacio coherente a tu objetivo, observa el aspecto afectivo o intimidad del grupo. Volviendo al ejemplo, si vas a montar en bici, no necesitas tener una buena relación con tus compañerxs de clase, ni siquiera necesitas conocerlxs. En sentido estricto, no necesitas intimidad. Pero si la persona que lleva el grupo insulta y desprecia a aquellas personas que les cueste seguir el ritmo, denigrándolas, quizá no sea el mejor respaldo que unx necesite para perder kilos. Ahí depende ya de cada unx, y de cómo lo viva, claro está.

Esto último me recuerda un chiste que dice así:

¿Qué le dice un masoquista a un sádico?:

– Por favor, ¡pégame!

¿Y qué le responde el sádico al masoquista?

– Mmmm… No.

En cualquier caso, es evidente para mí que el grupo es más que la suma de las partes. Dudo que más de la mitad de las personas que ayer estuvimos en la clase de dos horas de bici hubiésemos superado la hora haciéndolo cada una por su cuenta. Yo sé que no. En grupo, sin embargo, fue un reto asequible.

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