Serendipia o el jugo de la Vida

El único error real es aquél del que no aprendemos nada

(John Powell, 1834-1902)

La cita con la que inauguro este blog marca una declaración de principios que en este momento intento incorporar a mi vida, aceptarlos puesto que así es como es este juego. Contarme la historia de otra manera implicaría tener que invertir energía de forma innecesaria y, sobre todo, con resultados frustrantes: sufrimiento. Eso lo tengo ya bien comprobado.

“Sólo aprendemos de verdad cuando nos equivocamos” decía hace unas semanas un colega terapeuta, afirmación que yo no comparto del todo: considero que aprendemos también con los aciertos, pero es cierto que, cuando uno se equivoca, la huella de esa experiencia es más profunda, el aprendizaje queda anclado puesto que ya tenemos un referente propio, incorporado.

Fotografía de Nina Matthews (flickr)

Quizá sería bueno que a la hora de educar, pudiéramos admitir el acierto y el error como las dos caras del aprendizaje, procesos ambos necesarios para poder arriesgarse a adentrarnos en lo desconocido. Cuando uno no se da la ocasión de equivocarse, o bien invierte una energía desorbitada en la tarea (que probablemente acabará traduciéndose en un fallo antes o después), o bien no se atreve a iniciar dicha expedición, emprender esa nueva empresa puesto que errar no es una opción.

¿Y qué es la vida sino un salto al vacío, por más que nos lo contemos de otra manera? ¿Qué es la vida, sino la gran Escuela del aprendizaje, un reconocimiento de que sólo sé que no sé nada, que, por mucho que me enseñen figuras de autoridad y fuentes de conocimiento, yo voy a aprender a Vivir viviendo, explorando, probando, equivocándome, acertando?

Mucho mejor nos iría si pudiéramos incorporar frases como “acierta o equivócate, y estarás aprendiendo”. Ambos resultados merecen un reconocimiento porque lo relevante es el fruto, el aprendizaje. Y el aprendizaje es vida. “Caminante, no hay camino. / Se hace camino al andar…” que escribió Machado.

Por eso el único error es aquél del que uno no aprende nada, porque todo lo demás es avanzar hacia un lugar nuevo, y, aún mejor, a un lugar inesperado, descubrimientos que uno no espera, como las Américas de Colón, el serendipity (serendipidad/serendipia) de la Ciencia. Hablo de esos hallazgos que cuestionan el destino final marcado en dicha ruta, que nos trasladan a un lugar distinto al premeditado y más enriquecedor, y nos hacen experimentar que el jugo de la Vida está en el camino, no en la meta, y que sólo por atrevernos ya merece la pena. La serendipia es la mejor invitación a vivir: ¡Yerra, que quizás aciertes!

Y todo esto es lo que quiero explorar a través de este blog. Sin una idea muy clara de hacia dónde caminaré con él. Sí con la conciencia de volcar aquí reflexiones, compartir pensamientos y propuestas que puedan servir de alimento para nuestra mente, cuerpo y corazón, y abrir un espacio (más) en la red al trabajo de la conciencia. Comparto así lo que ha sido compartido conmigo.

Y sé que me equivocaré. Y necesito decírmelo primero, escribirlo como carta de presentación, para poder abrir este blog. Será parte del aprendizaje. Quizá por eso Miles Davis decía: “No tengas miedo de los errores, no existen”. El jugo de la vida.

Imagen destacada: de BettinaPink

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